19 mar. 2010

MUSICOLOGÍA

La Isla de la Muerte - Entre la música y la pintura


Por: Hillins Molina

Todo comenzó con la sublime petición de una mujer, en 1880 Marie Berna encargó al pintor suizo Arnold Böcklin, esta prestigiosa obra “La isla de los muertos” que a más de un artista ha inspirado, la misma tuvo varias versiones la que concluyó para la viuda Berna, la segunda versión adquirida en 1927 Kuntmuseum de Basilea , la tercera versión protagonista de una travesía: en principio fue realizada para un galerista de arte llamado Fritz Gurlitt, posteriormente comprada por Adolf Hitler en 1933 y exhibida en el Reichtag.

Este cuadro desapareció en 1945, tras la entrada de las tropas soviéticas en Berlín y estuvo perdido varios años hasta su reaparición en 1979, su cuarta versión se realizó en 1884 por encargo de Victor Benary y en 1926, adquirida por el barón Von Thyssen, poco tiempo después desapareció a finales de la guerra, su última versión de esta colección se creó a petición del Museum der Bildendeh Künste de Leipzig.

En principios una obra sin nombre, pero el tratante de arte Fritz Gurlitt lo bautizó “La Isla de la muerte”, en el que mediante un lienzo plasma una magna extensión de agua orientada a una isla rocosa color siena, en dirección a ella; un remador conocido en la mitología griega como Caronte , el barquero encargado de llevar las almas al Hades (la morada de los muertos) y una silueta blanca sobre una pequeña embarcación como una representación de las sombras errantes, a la entrada de la isla se encuentra una escalera: transición a lo oculto y desconocido, detrás de ella un bosque abarrotado de Cupressus Lambertiana, que le da una sensación de misterio e incertidumbre al cuadro, en conjunto con los colores fríos del ambiente.


El Simbolismo indudablemente movimiento de influyente para el posterior estilo surrealista en lo que a arte pictórico respecta, indudablemente el escenario escogido por el autor para desarrollar su obra maestra, lo llevaría a ser inspiración innata del compositor Sergei Rachmaninov, quien en 1907 visitó París y quedó totalmente extasiado al ver la obra homónima del Pintor Arnold Böcklin. El reconocido músico ruso compuso un poema sinfónico, considerada como un indudable ejemplo del post romanticismo ruso de principios del siglo XX.

La obra comienza con un sutil matiz (piano), paralelamente un movimiento de vaivén que sugiere el ajetreo de las olas mientras Caronte rema por el río Estigia, en el desenvolvimiento de la obra Rachmaninov utiliza una figura recurrente en un compás de 5/8 para imitar el movimiento del agua y del remo de Caronte.

Este compás irregular, utilizados en la música académica contemporánea (cinco octavos, o cinco corcheas por compás), tiene una característica propia, el compositor debe avisar al comienzo del pentagrama cómo quiere que los músicos enfaticen el compás, puede ser 3+2, 2+3, llamado zorcico en España.

El tema principal se repite en un prolongado crescendo; en la sección central, la orquesta explora distintas variaciones del tema, hasta llegar a un momento pianísimo tras el cual, al igual que sucede en varias de sus obras, Rachmaninov introduce el motivo de la música del Dies irae como referencia a la muerte. Al mismo tiempo, el vaivén de la música también sugiere el sonido de una respiración, indicando de esa manera que la vida y la muerte se entrelazan.

Sin duda el hermetismo de Rachmaninov respecto a sus asuntos personales, no nos deja muy en claro qué fue exactamente lo que lo motivó a este sentimiento de nostalgia por la muerte,
su fascinación pudo florecer de las repetidas tragedias que se suscitaron en el transcurso de su vida. El fracaso de su Primera Sinfonía por la cual muchos aseguran que fue debido a la conducción de Alexander Glazunov, quien tuvo aborrecimiento a la obra y no la ensayó lo suficiente.

Esta recepción desastrosa, lo condujo a una depresión nerviosa, debió haberlo movido a explorar el aspecto de la oscuridad de la existencia.

En conclusión el maestro Arnold Böcklin influenciado por el romanticismo, su obra simbolista nos muestra figuras ficticias, mitológicas, enmarcadas en construcciones arquitectónicas clásicas, revelando a menudo una obsesión por la muerte y nos introduce en un mundo extraño y apócrifo.

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