29 ago. 2010

LETRAS Y PINCELES

JUAN VILLAFUERTE

Por: Gabriela Pinasco


“Villafuerte es un caso aparte en la historia de nuestra pintura, con un lugar especial, alcanzado no solo por sus dotes excepcionales, sino también por su lucha denodada contra la cortedad del tiempo que le fue concedido.”

Sin duda una de las obras más significativas y variadas que uno podría ver. Pinturas que giraban en torno a diferentes corrientes sin seguir una en especial; un pintor fuera de todo estereotipo a más que el de excelente pintor. Excelente con el óleo, la pluma, la tinta china, los collagues; perfección en cada uno de sus retratos; acertadas y excitantes combinaciones de colores.

Su obra estimula sentimientos, desde una sonrisa hasta un gesto triste; juego de ironías y temas realistas. Pinturas que llaman mucho la atención: “Sor Gracia” de óleo sobre tela, su nombre de significado divino contrasta con el retrato de una monja de cara maléfica y ojos maliciosos. (La verdad es que la monja asusta y me recuerda demasiado a las monjas de mi colegio que daban cierto miedo, aquellas que me ponían los pelos de punta).

Sus retratos definitivamente capturaron la mente, personajes anónimos con diferentes expresiones faciales que al parecer y según se lee se daba por la forma de ser de cada uno; como Villafuerte los veía. Era tan sencillo emocionarse por los colores que cimentados en los retratos, muy variados y usados con gran precisión.

En diferentes obras hechas a pluma o tinta china, las proporciones de los cuerpos, a veces un poco exageradas, a veces perfectas, son magnificas. El cuadro “El amor” pinta a una mujer desnuda y de espaldas, un hombre sujetándola y otro hombre que al parecer no hacía nada. Talvez ésta era su perspectiva del amor, de cuanto nos aferramos a él y el papel del físico en él.

Da mucha curiosidad esto de las transmutaciones que pintaba, en especial cuando asocias la fecha de creación de la obra con la fecha de su fallecimiento, al año coincidía. Éstos cuadros producen cierta desesperación, todas éstas caras, cuerpos desfigurados y cambiantes quizás significaban su desesperación por la enfermedad que lo aquejaba, un cáncer.

¿Cómo no sentirse orgulloso de ser ecuatoriano con un pintor como Villafuerte? Personas así no se ven muy seguido; Villafuerte mezcló su talento con un arduo y continuo trabajo, y eso no lo hacemos todos. Digo esto porque así dejé la galería, con ese pensamiento divagando en mi mente. Mierda, ¡Que gran pintor!



1 comentarios:

Anónimo dijo...

tortolo

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