3 mar. 2010

CRITICA DE TV

Programación Televisiva = Disconformidad

Escrito por: Carolina Toala


La programación televisiva ecuatoriana es pésima no en su totalidad pero sí en su mayoría. Nos bombardean con programas vacuos, triviales, nimios, inanes y fútiles.

Desfiguran lo que debería ser entretenimiento real, maquillan valores dejando tras capas ocultas el auténtico y único concepto ético aplicable.

Instauran en los televidentes nuevas normas de conductas, enseñan maneras renovadas de ver la vida, educan con alternativas más prácticas que prometen soluciones inexistentes, ofrecen consejos modernos que libran supuestamente nuestras conciencias. Así es nuestro medio favorito, pasatiempo predilecto, afición incontrolable “la televisión”.

Nos convertimos en consumidores convictos de pensamientos enajenados por mentores que intentan deformar criterios, razonamientos y argumentos propios.

La televisión en su mal empleo, encarcela nuestras ideas existen programas que nos asaltan la creatividad y matan nuestras percepciones.

¿Qué sucede cuando convertimos a este aparato en nuestro compañero inseparable? Horas y horas despilfarradas frente a un monitor que no educa, no instruye, no enseña, no prepara, sino que despoja nuestra verdadera identidad incrustándonos modalidades extranjeras, ajenas a nuestra cultura.

La imaginación ya no es original sino una vil copia “mejorada” de la mente creadora.

Las telenovelas, los reality shows, caricaturas animadas, programas concursos entre otros, sólo tienen como fin impresionar a los receptores, atrayéndolos con problemas que no son tratados como eso, convivencias insolentes, dibujos soeces, novelas que tocan temas como suicidios, abortos, ambición, traición, menosprecio, asesinato y un sinfín de temas serios con normal procedimiento.

Como una vela encendida nos derretimos ante insignificancias, morimos por formar parte de ese mundo artificial y ficticio sin caer en cuenta nos apagamos y vendamos nuestro coeficiente intacto con ganas de ser iluminado.

Como ratones rumiemos el producto, examinemos lo que nos ofrecen, seamos minuciosos y selectivos en el contenido que tomemos y no permitamos que el gato se salga con la suya y acabe con nuestro buen apetito televisivo.




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