13 feb. 2010

CRÍTICA

Tan sencillo, como cierto:
Pesimistas ante el cambio

Escrito por: Karen Márquez



“Es que es Ecuador”
“Aquí el futuro es incierto”
“No importa si cruzas, no vienen carros”…

Más vale perder un minuto
En la vida, que la vida en un minuto…


El grito ensordecedor de un par de señoras en el sistema de transporte Metrovía, la desesperación del chófer que trata de frenar al ras, un conductor o un pasajero imprudente que conduce o camina por el carril prohibido y una joven indignada que se lamenta al observar esta situación desde su ventana… “así es Guayaquil, así es Ecuador”…

Como un acto de la vida diaria se presentan en los diferentes noticieros y periódicos del país, accidentes de tránsito, injusticias jamás resueltas, asesinatos, “descuidos” de precipitados “amos de las calles” que acaban con la vida de una muchacha que estaba a punto de terminar la secundaria, o de una señora que empezaba a soñar con la idea de criar a sus nietos…

Es lamentable pero cierto, es sencillo pero “tan difícil” a la vez; ¿realmente es tan complicado cumplir las reglas?...

Los seres humanos somos animales racionales, que con el tiempo deberíamos aprender cuán importante es mantener la paz, la democracia y la equidad entre nosotros para lograr un verdadero progreso, pero ¿porqué esto es tan difícil? ¿Hasta que punto nos puede llevar nuestro egoísmo? ¿Será imposible construir un mundo mejor?...

La luz roja esta para detenerse a mirar la vida, dejar que el otro tenga por unos segundos su derecho a caminar y llegar hasta donde desea; la verde, para aprovechar la rapidez del tiempo y alcanzar el otro símbolo, que rogamos no nos coja en amarillo… la prisa, la necesidad, el pensar que fue culpa del otro la tardanza que llevamos encima y el castigo que tendremos que soportar por no habernos despertado un poco más temprano, nos nubla la solidaridad y nos invade de impotencia, queremos apresurarnos, llevarnos todo al paso y llegar, a nuestro destino….

Corre otra vez la multa de alguien que fingiendo “cumplir un deber con la ciudadanía” se deja sobornar con “el billetito pa las colas”; una reunión familiar cumple otra vez con los parámetros de conversación actual: “asaltos a los amigos y sus experiencias” y nuevamente está la madre de un joven muchacho que parte al colegio, llenándole la cabeza de consejos que debe recordar si camina sólo, si alguien lo sigue, si cruza la calle, si recibe una volante, si encuentra una mujer pidiendo ayuda, porque puede ser otra trampa, otra mala jugada de la vida…

Las mujeres caminan agobiadas por las calles, la mayoría decide tomar un bus a un taxi y las más avezadas tal vez carguen una tijera o una navaja en sus bolsos… los hombres son más cuidadosos con las rutas que toman para retornar del trabajo. Ni las universidades, ni los colegios son lugares seguros para los niños, que buscan un lugar donde estudiar y encuentran sus pesadillas eternas…

Transcurre así el país y mientras asambleístas “encachinados” hasta los tobillos, discuten nuevas leyes contra los hurtos, asesinatos, libertades condicionales, accidentes automovilísticos y fianzas, mueren decenas de personas en un día y otras quedan malheridas… pero es “Ecuador” país de riquezas naturales y pobrezas mentales, de hombres optimistas y de políticos insaciables y ambiciosos, de verdades tan obvias ante los ojos de todos…

De un país que tiene “el grandioso ideal de cambiar” pero que no mueve ni un pie para hacerlo, de ese padre que le enseña a su hija a dejar la basura en la calle y que luego se asombra de su casa inundada por los desagües tapados, por ese presidente que elige explotar la única riqueza que nos queda en vez de escuchar el clamor de sus tribus, de los animales, de la selva vasta y natural.

De esa madre que acepta que su hijo regrese con algo ajeno a sus útiles escolares y que luego llora porque ese niño ha crecido y ahora es un vil ladrón… por esa sorprendente ola de calor que nos invade y de la que nos quejamos, pero a pesar de todo no limpiamos el filtro de nuestros vehículos que dispersa una nube negra en el aire que respiramos, ¿Qué nos cuesta?...

Indignados hasta más no poder, repudiando nuestro futuro cuándo somos pesimistas al cambio, cuándo enamorados de nuestra forma de vida, no ponemos un alto a nuestras costumbres, no cambiamos nuestra ambición por una vida honesta y tranquila…no tenemos ganas de cambiar NUESTRO ECUADOR



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